jueves, agosto 25, 2005

Con los cuellos apuntando al cielo

Oh, ah Cantona! Ese era el grito más repetido en Old Trafford cuando el genial Eric Cantona hacía una de sus diabluras. La historia del fútbol ha sido demasiado injusta con un hombre cuyo principal pecado fue darle una patada aun irrespetable espectador. Aquel incidente ha eclipsado con el paso de los años al gran jugador que fue el francés.
Le king, vive le king. El Rey, el hombre que devolvió a los diablos rojos al trono del fútbol inglés, se movía por impulsos. Por un impulso psicópata propinó aquella patada de karate al aficionado del Crystal Palace, pero también por algún que otro impulso genial se convirtió en uno de los mejores jugadores del mundo.
Por ejemplo, en un encuentro de la Premier, Eric recibió la pelota en el vértice del área, la bajó en el pecho, la pisó y suavemente la picó lo justo para que entrase por la escuadra. Golazo. La grada enloqueció. Pero él no. Siempre a contracorriente, el 'red devil' alzó los brazos, puso cara de macarra de película y espero a ser abrazado por sus compañeros. Se rebeló contra la euforia, como se rebeló contra el 'irrespetable' público que le insultó en aquel partido contra el Crystal Palace.
Recuerdo el día que Cantona anunció su segunda y ya definitiva retirada. Los alrededores de Old Trafford se vieron invadidos por miles de aficionados que pedían a su ídolo que reconsiderase su postura. No lo hizo, a pesar de tener 31 años. El genio francés, que pintaba cuadros y escribía poesía, decía adiós cuando era el Rey. Apenas tuvo tiempo de vivir la mercadotecnia que rodea hoy al fútbol, él no hubiera encajado. Le gustaba la pelota y su franqueza le jugó malas pasadas. Llamó al seleccionador francés 'saco de mierda' y jamás volvió con los 'bleus'. Ellos se lo perdieron.
Eric, le king Eric dijo que no volvería, y no volvió. Ahora ya no quedan jugadores como él, de su raza y su calidad. Devolvió al Manchester al trono y él tocó el cielo para decir adiós. Au revoir, como decía en aquel anuncio. Al menos, Cantona sigue en el corazón de unos cuantos románticos que si hubiéramos tenido cerca al hincha del Crystal Palace también lo hubiéramos pateado. A los dioses no se les insulta.

No hay comentarios: