jueves, agosto 18, 2005

Que corra la pelota

Corría el año 1996, cuando el Club Deportivo Logroñés iniciaba la que sería su última campaña en Primera. A aquel equipo que entrenaba Lotina, llegaron varios jugadores uruguayos, manteniendo viva la tradición charrúa en Las Gaunas. Canals, Baltierra, Rubén Sosa y Tejera. El de más nombre era, sin duda, Sosa. Un buen reclamo para la parroquia blanquirroja, que llegaba a la Liga de las Estrellas que se llevaría el Madrid de Capello.
Pero no sería Rubén Sosa quien tocó mi corazón. Fue un gordito rubio, de pelo alborotado y pinta desgarbada. Fue Marcelo Tejera. 'El bambino de oro' fue el único superviviente de aquel grupo de urugayos y no abandonó el equipo hasta el año 2.000, en el que el club descendió a Tercera por impagos.
Tejera era un jugador desagradable para entrenadores que sólo conocen la receta táctica. Así era Boronat, que lo condenó al banco por escaparse de su estrechez mental. Tejera sólo conocía la pelota. La pisaba, la mimaba y la tocaba. Un pelotero. Un jugón. Estuvo cuatro años huyendo de la esclavitud de la pizarra y enganchando corazones. La pisadita urugaya, de recibir y tocar. De mirar y ponerla. Fútbol sudamericano.
Tejera nunca corrió antes de pensar. Casi nunca corrió. Para qué, si quien corría era la bola. Ayer volvió a la selección uruguaya, que se enfrentó a España. El 'bambino de oro' jugó 25 minutos en un partido desastroso en el juego charrúa. Pero Marcelo no faltó a su cita con la pisadita. No corrió ni se pegó. Vi un detalle, sólo uno, para comprobar que era el mismo Tejera que pasó por Logroño. Recibió el balón en la media. La pisó, levantó la cabeza y se vio rodeado de españoles. ¿Qué podía hacer? Darla al más fácil, pensará alguno. No. Vio una banda y un hombre subiendo. La picó y la mandó al costado. El resto de la jugada no la recuerdo. Sólo sé que con ese toque me devolvió al viejo estadio Las Gaunas.

Para saber más sobre Tejera, pincha aquí.

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