martes, septiembre 27, 2005

El templo

Desde que el viejo estadio de Las Gaunas fue transformado en un parque no había pasado por él. Pero la semana pasada, en plenas fiestas de San Mateo, casi sin querer me vi en medio. Era ya entrada la noche, cuando a esas horas a uno la imaginación se le dispara. Y los sentimientos.
En medio del parque, mientras lo cruzaba, miré a mi alrededor. Me vi en el centro del campo, por donde no ha mucho tiempo tocaron la pelota hombres como Fernando Redondo, Josep Guardiola o mi recordado Marcelo Tejera. En fin, genios del balón.
Pero mis recuerdos fueron más allá. Hasta mi cabeza llegaron aquellos sueños infantiles de pegar patadas al balón vestido de blanquirrojo con Las Gaunas a reventar. Me vi, juro que me vi, en lo que para mí de niño era un templo, ya que nunca pisé en aquellos años otro estadio. También vi los banquillos, la grada de preferencia, los fondos, la grada de general... Todo, como si realmente siguiera allí.
Aquello me hizo pensar en lo injusto que ha sido el tiempo con el fútbol, con Las Gaunas y con el Logroñés. Cada vez quedan más lejos aquellos tiempos en los que soñaba con un futuro jugando en aquel mítico campo. Ahora, con lo único que puedo soñar es con ver camisetas blanquirrojas en la élite reviviendo aquello en el nuevo Las Gaunas.

lunes, septiembre 19, 2005

Los zurdos no los saben meter


(valdanismos) Al asistir a una tanda de penaltis en directo, a todo el mundo le gusta ir diciendo éste la mete y éste no. Cada uno tiene sus propias razones. Personalmente, suelo recurrir a una que suele ser infalible: los zurdos no saben tirar penaltis. Salvo honrosas excepciones como Rivaldo -en sus años de gloria- pocos hombres de pierna izquierda saben anotar las penas máximas. La jornada de Liga me lo vuelve a confirmar. Veo a Aganzo valiente -habría que recordarle que el cementerio está lleno de valientes- rogando a sus compañeros lanzar un penalti cometido sobre él mismo. Es zurdo, lo falla, me he dicho a mí mismo. Justo. Se lo paró el portero. Seguro que mañana vendrá el fútbol y me llevará la contraria... Como casi siempre. Pero, hoy, me voy a dormir con la teoría confirmada.

Con o sin bandas, son una banda

(la pizarra) Roberto Carlos copia a su entrenador y comete el mismo error. Habla de algo que no es más que una aberración balompédica. El lateral con los gemelos más grandes del mundo nos dice que no hay un equipo en el globo que juegue con bandas. Ejem. Penalti de Roberto Carlos.
Por muy increíble que le parezca al jugador madridista, todos los equipos juegan con bandas. ¿Cómo se puede jugar a este deporte sin bandas? Digamos mejor que, cada vez con mayor frecuencia, los equipos no aprovechan toda la extensión del campo. Olvidan ciertos metros que sólo recorren para sacar los córners. Pero, quedan algunos reductos de ese fútbol de llegar a línea de fondo y centrarla o buscar la sorpresa.
Parece increíble que quien diga eso sea el lateral con más proyección ofensiva y que juega más pegado a la cal. Claro, si el Real Madrid salta al pasto con esa filosofía, es normal que jueguen como juegan. Y eso que sí utilizan las bandas. ¿Desde dónde centró hoy Beckham en más ocasiones? ¿Por que zona del campo se internó -o lo intentó- Robinho? ¿En qué lugar recibió y realizó más pases el propio Roberto Carlos? ¿Qué terreno de césped aprovechó Salgado para entrar en juego?
Sin embargo, y pese a esa utilización de los flancos, el Madrid continúa con el sistema embudo: todos al centro. Algo que no hace su vecino colchonero. El Atlético tiene un extremo eléctrico, bravo, rápido y efectivo. Martin Petrov ha venido a España a dejar constancia de que, pese a técnicos como Luxemburgo, entrar por las bandas es una de las mejores formas de lograr el jogo bonito.

miércoles, septiembre 14, 2005

El cuadrado lapidario


"El cuadrado mágico nace de los ángulos mágicos". El diario Marca anunció esta frase de Vanderlei Luxemburgo, entrenador del Madrid, como histórica. Y tanto que es histórica. Porque al mismo tiempo que salió de su boca esa construcción sintáctica, Luxemburgo comenzó a pasar a la historia oscura blanca.
Porque mucho tendría que cambiar ese cuadrado para que Luxemburgo salve la cabeza. De momento, la cita en sí es aberrante. ¡Un brasileño hablando de figuras geométricas! Los brasileños han hecho del fútbol un arte y un canarinho nos habla de cuadrados. ¿Dónde está la imaginación?
Lo que parece desconocer Vanderlei es que el fútbol comienza en la cabeza y termina en los pies. Es la cabeza la que ha de ser mágica, no un cuadrado. Si Cervantes hubiera sido matemático no habría escrito El Quijote. Los ángulos, la forma, el dibujo perfecto es cosa de italianos o alemanes, pero no de brasileños, de los que se espera felicidad, goles y espectáculo dentro del caos más maravillosamente balompédico.
Claro, Luxemburgo así no entiende nada. Mientras él habla de cuadrados, Robinho tiene que dibujar una línea inexacta para inventar algo. Pero el resto, no. Sale en Lyón con Gravesen y Pablo García organizando el juego. Muy bien. Así hay cuadrado, seguro, pero no magia.
Ha bastado muy poco para demostrar que Luxemburgo tampoco entiende nada de fútbol, pero menos que muchos otros. Primero fue el pinganillo (otro recorte a la imaginación) y luego el cuadrado. Yo me quedo con la magia. El cuadrado, para quienes quieran aburrirse y ser predecibles.

domingo, septiembre 11, 2005

Conviene aclararlo

Antes de continuar con este blog tengo que decirle que no entiendo ni sé nada de fútbol. Lo siento, pero usted tampoco.
Ahora podemos continuar.