jueves, octubre 20, 2005

El fútbol guapo

(nombres propios)Los padres, los niños, las madres, las hijas, las tías, las sobrinas, abuelas, las suegras, los suegros, los chinos, los japoneses, los ingleses, los madrileños... Todos. Todos slase derriten ahora con David Beckham. Se rinden a los pies del rubio londinense. Pero, algo ha cambiado. Quienes más destacaban sus virtudes eran los ingleses y las quinceañeras. Los primeros, por conocimiento y las segundas, por ferbor adolescente.

Beckham, sin embargo, ha sabido enganchar a todos. En lo que llevamos de temporada el capitán de la inglesa ha desplegado todo su arsenal de juego, pases milagrosos e incluso golazos de libre directo como el de ayer.
Lo cierto es que no me sorprende el actual rendimiento de Beckham. Llevo dos años y pico librando como puedo a los detractores del tipo más guapo del fútbol, declarando mi pasión por él tras haberle seguido en el Manchester United. Allí empezó a despuntar cuando el 7 de los 'red devils' aún tenía dueño indiscutible, el gran Cantona. Por entonces, el hoy jugador del Real Madrid era un pibe, que dicen los argentinos, tímido y menos rubio de lo que es hoy. Pero, ya tocaba la bola como en el presente. Sus centros eran aprovechados por Andy Cole o Dwaight Yorke. Su juego hizo que toda inglaterra se girase a la derecha.
¿Cuál es la diferencia entre aquel Beckham y el de las dos últimas temporadas? Fundamentalmente, que entonces tenía un entrenador que le conocía, le comprendía y sabía qué tipo de jugador era. Algo que no logró Queiroz, pese a ser segundo de Álex Ferguson en el United, ni Camacho (tampoco tuvo tiempo) ni Mariano García Remón. A Vanderlei Luxemburgo le ha costado nueve meses, pero lo ha conseguido. Olvidado ya de su cuadrado mental, el técnico brasileño ha permitido a Beckham inclinarse hacia su flanco favorito. Y está siendo determinante.
Beckham es el motor del Real Madrid. Mueve toda la maquinaria de mercadotecnia bien pensada por Florentino Pérez. Aunque, aún más importante resulta su función en el sistema de juego blanco. Beckham recupera, se mencha, se sacrifica, para luego dejar constancia de que es algo más que un tipo muy guapo al que le sienta de maravilla el blanco. David Beckham tiene, además, un fútbol guapo y ahora muchos lo reconocen. Tienen excusa: no conocían al tipo del que se enamoró Inglaterra.

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