jueves, noviembre 17, 2005

Comienza la cuenta atrás

Tras el simulacro aburridísimo que jugó ayer nuestra selección, el camino sólo nos lleva a un sitio: el derby. El partido del siglo, como cada año. La vuelta, volverá a ser también del siglo. Es lo que tiene tender que vender portadas.
Confío en que al menos tenga algo para recordar, que no nos deje indiferentes. A veces, estos partidos son así. Mucha expectación, pero uno acaba yendo al baño en medio de la segunda parte. El Madrid-Barça del año pasado fue para recordar. Un Barça crecidísimo en su juego (como ahora) y un Real Madrid herido en su orgullo (como ahora). La principal diferencia es que entonces Luxemburgo sabía a lo que jugaba, aunque nos gustase poco. El Barcelona sigue igual. A Rijkaard no le ha hecho falta traerse a una legión de compatriotas.
Llega a Chamartín el amigo del abuelo, Eto'o, estramotivado y convertido en un Neoluisenrique, pero más respetuoso pese a aquellos inoportunos cánticos motivados por quienes se reían tras él. Con el genio de Camerún estará Ronaldinho, seguramente, con ganas de sacar a relucir su balón de oro. Me preocupan casi más Xavi y Deco. Esta pareja son el verdadero motor del juego blaugrana y, para contrarrestarlos, estará enfrente Pablo 'el terrible' García. Llega cansado, seguro, y herido en su corazón charrúa tras la eliminación a manos de Australia. Pero los uruguayos saben levantarse y devolver la patada. Nada mejor que un clásico para hacerlo.
Leo en Sport que Luxemburgo duda si poner de inicio a Ronaldo o sacarlo de revulsivo. Mala noticia para los merengues. Ronaldo no es revulsivo. Es el disparo certero y demoledor. Tendrá más ocasiones en 90 minutos que en 45 y, cuantas más, mejor para el Madrid.
Lo cierto es que, a priori, el favorito es el Barça. Tiene un juego arrollador y creo que la única forma de destruirlo es quitándole la bola. Aunque, el Madrid se maneja bien sin ella, sería más bello para los espectadores que el balón fuese subastado y el que mejor jugase se lo llevase. Veremos qué sucede. Los de Rijkaard no pueden relajarse. 90 minuti son molto longo en el Bernabéu. O cómo se diga.

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