martes, noviembre 15, 2005

El bigote del fútbol


(perfiles) Agustín Abadía. Futbolista. Eterno futbolista, conviene matizar. El 'Tato' es uno de los personajes históricos del fútbol español. Cualquiera que conozca la Liga en los primeros pasos de la década de los '90 recuerda a ese tipo patizambo y bigotudo que corría con más esfuerzo que arte sobre el césped.
Abadía tiene el corazón en blanco y rojo. O en rojo y blanco, como prefieran. Porque cualquiera de los dos nos vale. Vistió la camiseta blanquirroja del Logroñés y la rojiblanca del Atlético de Madrid. Dos equipos de sufridas aficiones, como la forma de jugar del Tato, con sufrimiento, con casta.
En unos tiempos en los que empieza a valer más una bonita cara que un millón de fútbol, conviene recordar a tipos como Abadía. Que jugaron en prados más que en moquetas y a los que el arco que forman sus piernas les define mejor que los números que llevan tras de sí. Aunque, las cifras de mi bigotudo favorito nos conducen a la idea de que, por encima de todo, es futbolista. 243 en Primera bajo las camisetas de CD Logroñés, Atlético de Madrid y Compostela en los que logró 13 goles. El último de ellos, por cierto, un golazo ante el Valencia en la última visita de los chés a Las Gaunas, es decir, en la última gran fiesta con una afición hermana para siempre.
También para la posteridad quedará como Abadía, tras dos años en el Compostela, volvió a Logroño con 34 años y mediada la temporada 96/97 para intentar mantener al equipo en la categoría reina. No lo logró, pero los aficionados agradecimos que, en medio de tanto supuesto crack, el de Binéfar nos dejara sus carreras de corazón con perfume a sudor.
Personalmente, he podido conocer a Abadía. Más de lo que de chiquillo hubiera imaginado, pero menos de lo que a un aficionado le gustaría. El Tato es un tipo serio, tajante, él mismo se define como amargo. Pese a ser cierto, su seriedad no es sino el síntoma de una gran sinceridad. Habla con la misma claridad con la que jugaba al fútbol. Por encima de todo, está demostrando en los últimos tiempos que es auténtico con sus sentimientos. Lleva dentro del corazón a su Logroñés y lo defiende a capa y espada. Como si fuera su hijo.
Abadía cree que el CD Logroñés tiene salida. Puede que tenga razón, conoce el club mejor que nadie de cuantos lo pueblan ahora mismo. El ex centrocampista trabaja bien como director deportivo, ha apostado fuerte por sus convicciones, ha dado la cara -como siempre- y no se ha escondido. Junto a él, codo con codo, trabaja otro mito blanquirrojo: Juan Carlos Herrero. El de Guernica jugó en los años dorados junto al hombre que logró que el bigote significara fútbol en Las Gaunas.
Quizá no era el tipo más dotado del mundo, ni el primero del vestuario, ni quien mejor leía los partidos. Pero, tenía algo de lo que carecían muchos otros con mejores aptitudes. Abadía amaba el fútbol. Lo sigue haciendo. Pese a las patadas que este deporte le haya llegado a dar. Que no sean muchas más, Tato. De momento, somos unos cuantos los que contaremos a nuestros nietos quién era ese hombre de bigote que se ganó a Las Gaunas y quedó, para siempre, junto al escudo del CD Logroñés.

2 comentarios:

probertoj dijo...

"La pegué mordida..."

¿No recuerda, Íñiguez, ese gol en semifallo que en realidad -y según su propia expresión- era puro acierto del Tato? Engañó al portero pegándola "mordida"

Borja Barba dijo...

Impresionante la historia del "Tato". Siempre dio un poco la sensación de ser un tipo sacrificado, en el equipo que estuviera, y eso es lo que le hacía verdaderamente grande con respecto a otras "superestrellas" de la época.