jueves, diciembre 01, 2005

No es fútbol. Es mucho más importante.

Ayer compré el libro 'Ninguna guerra se parece a otra', del periodista y reportero de guerra Jon Sistiaga. No leí ni diez páginas y ya me acongojó. Noté la presión en el pecho y no soy de lágrima fácil. Dicen que será un libro ameno, a veces divertido, pero duro. Tienen razón, es duro.
No sé si ninguna guerra se parece a otra, pero no hay duda de que ninguna guerra merece la pena. Con sólo una vida que se pierda, los conflictos pasan a ser detestables. Y, mientras, nadie hace nada para que quienes asesinaron en Bagdad paguen su culpa. Víctimas civiles y cámaras de televisión. Pero, a ellos, qué más les da. Cayó Sadam, cayó la dictadura. ¿Se impuso la democracia? Se impuso una guerra civil. Más guerra, más muerte, más destrucción. Los marines saldrán victoriosos según la CNN, aunque en su cabeza vivan perseguidos por el infierno y la culpa. El mundo no se merece esto. Couso no se merecía el cañonazo. Jon Sisitiaga no se merecía la soledad de la habitación 1403.

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