martes, febrero 28, 2006

La rendición del triunfador


Ayer se puso fin a la presidencia de Florentino Pérez en el Real Madrid. Deja tras de sí 2 ligas y una Copa de Europa, así como un club saneado que cuando entró era una entidad decrépita en lo económico. También su estela nos deja a Zinedine Zidane y su golazo de la novena, quizá en el punto máximo del mandato de Florentino. Pero, el Real Madrid no puede vivir sólo del pasado. Los laureles deben ser verdes temporada tras temporada y no lucir el amarillo caduco de las dos últimas y media. Por la mano de Pérez han pasado Vicente del Bosque, Carlos Queiroz, José Antonio Camacho, Mariano García Remón, Vanderlei Luxemburgo y Juan Ramón López Caro. Demasiados entrenadores y demasiados hombres de fútbol si contamos a sus directores deportivos: Jorge Valdano, Arrigo Sacchi y Benito Floro.

Al margen de todo, Florentino Pérez se presentó ante el gran público como el gran triunfador en el hombre de los negocios, tradicional en la política y capaz de convencer a grandes jugadores para vestir la camiseta del mejor equipo del siglo XX. Su talento ha convertido al club blanco en el más rico del mundo, con el pelotazo de la Ciudad Deportiva incluído, y he dejado en herencia un estadio Santiago Bernabéu inmaculado. Y un Real Madrid grandioso como marca. Anuncios, patrocinios, Adidas, Siemens, Audi... Ha logrado algo insólito en el fútbol español hasta su llegada. Incluso, a lo largo de su mandato, se ha llegado a hablar de un equipo del Real Madrid en la NBA. También, Florentino ha sido uno de los hombres fuertes en la guerra de los clubes contra la UEFA.

Si nos quedamos con el anterior párrafo parece increíble que un presidente así haya terminado por dimitir. Vayamos a la raíz. Florentino soñó con un Real Madrid como el que él vio de joven, aquel de Di Stéfano, Puskas o Gento. Los mejores jugadores, la mejor delantera, talento puro mezclado con hombres de la casa. Zidanes y Pavones fue durante un tiempo su eslogan, arriesgado, sin duda, pero a la par atractivo y quizá acertado... en otra época. Florentino olvidó que construyendo la gran marca del Real Madrid estaba construyendo al mismo tiempo jugadores-marca, desprendidos del profesionalismo puro de antaño. No puedes pretender hacer un equipo o grupo humano mientras tienes jugadores que entre entreno y entreno se dedican a grabar anuncios. No puedes tener jugadores que viven más en el avión que en su casa. No puedes tener jugadores con semejante ego, que se creen superiores al que se ducha al lado en el vestuario. Lo ha dicho hoy el ya ex presidente blanco y yo lo reafirmo: ayer Sergio Ramos tenía razón. En el modelo que ideó había otro problema. Hubo un tiempo en el que Puskas, Gento, Di Stéfano y Kopa podían jugar juntos. Hoy día no. No puedes taparte la cabeza, porque los pies se quedan al aire.

Otro asunto es si la marcha de Florentino es coherente o no. Para mí sí lo es, puesto que ha probado todo tipo de cambios para ver si la nave enderezaba el rumbo y ya sólo quedaba su marcha. Ahora bien, quizá no haya elegido el momento apropiado o idóneo. A una semana del partido en Londres, menos de una semana para recibir al Atlético de Madrid. Deja al equipo en una situación sumamente inestable. Aunque hay algunos jugadores empeñados en dar la nota, en demostrar que su ego está por encima de la entidad. Por ejemplo, Roberto Carlos, el hombre de la sonrisa falsa, al que ya nadie se cree, la verdadera muestra del jugador servil con el amo hasta que éste abandona. El lateral brasileño ha decidido meter la última puñalada al que ha sido su presidente durante seis años. "Me da igual". Ésas han sido sus palabras al conocer la noticia. Algunos se definen solos.

En definitiva, Florentino, el hombre triunfador, se rinde, cierra su etapa. Llega Fernando Martín, del que apenas sabemos nada, y habrá que darle tiempo hasta ver cuál es su idea, su proyecto, su filosofía, en fin. Mientras, digamos adiós a Florentino, porque, pese a su marcha, el Real Madrid continúa y continuará. Yo tengo que agradecerle que me permitiese ver domingo tras domingo, miércoles tras miércoles a Zinedine Zidane. Sin él, mi amor al fútbol quizá no sería igual.

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