lunes, junio 26, 2006

La trastienda de un ascenso

A las tres y media de la tarde Pablo Álvarez y yo cogimos rumbo hacia Zaragoza y ya por la autopista vimos los primeros aficionados blanquirrojos. Una vez en La Romareda (llegamos a la
primera y sin preguntar, los del Diario La Rioja somos así de chulos), comenzamos a ver banderas del Logroñés por todos los lados. Entramos en un bar y allí nos encontramos con míticos aficionados como Javier Las Palmas, que vino desde Canarias en viaje express con un mérito que no tiene preci
o. También, sorprendentemente, estaba Polvorilla, que había decidido a la una del mediodía ir a Zaragoza. Tras un par de cañas, entramos al estadio. Bueno, yo casi no entro, porque estos clubes como el Zaragoza serán muy de Primera, pero no saben la diferencia entre dos y tres acreditaciones. Felizmente, la chica de la puerta hizo la vista gorda y me dejó pasar sin acreditación, sabedora, claro, que era un problema de su empresa y no de la mía, que hizo todo correctamente. Por cierto, la zona de prensa de La Romareda es excesivamente calurosa por culpa del maldito techo de uralita.










Ambas fotos están tomadas antes de que comenzara el partido y podéis ampliarlas pinchando sobre ellas. El partido fue aburrido, para qué nos vamos a engañar y mi móvil echó humo con gente que me mandaba mensajes para saber cómo iba el partido. No me gustó que me quitaran el tapón a las cocacolas y al agua, porque me complicó el traslado hasta la zona de prensa, en lo alto del estadio. Cuando terminó el partido me fui corriendo a los vestuarios y abordé a un emocionado Herrero (aunque no sé si yo estaba aún más emocionado). Le saqué lo que pude y los jugadores fueron corriendo al vestuario, cada vez con menos ropa. Luego hablé con Fernando Marín, con Omar, con Aldeondo... Mientras, un trabajador del Zaragoza no para de decirnos a Velasco, el compañero de El Correo, y a mí que en esa zona no podíamos hacer entrevistas. El hombre era lo que se suele decir un pesado, porque nos lo dijo como 10 veces y no le hicimos caso en ninguna. Es más, al final nos pudo la risa. Carajo, que el Logroñés había ascendido, ¿a quién le importaba dónde se pudieran hacer entrevistas?

Cuando ya salía del estadio coincidí en el camino con Agustín Abadía, a quien le dije que ya podía respirar tras todo un año de agobios. Sonrió, con lo que cuesta que lo haga a veces el Tato. Por cierto, desde aquí le felicito por su trabajo, que ha sido enorme y ha podido recoger los frutos. Pablo Álvarez y yo nos fuimos bastante rápido para agilizar el trabajo en la redacción y lo mío lo escribí en el coche, de camino hacia Logroño. Llegué y, tras pasar por el periódico, me fui a la fuente de Murrieta. Al principio no había mucho ambiente, pero poco a poco la fiesta comenzó.



















Ahí tenéis a Taburete, que no faltó a su cita con el Logroñés y que se metió una leche de espanto cuando resvaló en la fuente, tuvo suerte de caer hacia fuera y no hacia dentro. Y por ahí andaba yo, pendiente de todo lo que ocurría, esperando la llegada de los jugadores y el resto de la afición para comenzar con el fiestón del ascenso. La espera se me hacía eterna, así que decidí ir a un bar a por una cerveza y algo de comer, que no había tomado nada sólido desde las dos y media. Pero justo cuando iba a entrar en el bar vi que llegaba el autobús de los jugadores.
Ooops! Acabo de recibir una llamada del periódico, he de irme a contar allí lo de anoche. No os preocupéis que lo enlazaré. Mientras, os dejo unas fotitos de la noche:
Fotos con jugadores y técnicos, de arriba a abajo:
  1. Foto con Moreno, defensa central
  2. Foto con Fernando Marín, mítico jugador del Logroñés, quizá el más grande
  3. Foto con Maiso, delantero y amigo mío desde mucho antes de que jugara en el Logroñés
  4. Foto con Juan Carlos Herrero, entrenador del Logroñés
  5. Foto con Aitor Aldeondo, delantero que llegó a jugar en Primera en la Real Sociedad

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