martes, noviembre 28, 2006

El poder del fútbol

Los colores de un equipo, el sentimiento, los recuerdos desde la infancia. Goles cantados, abucheos. Todo eso nos acompaña de por vida a los aficionados al fútbol. Más allá de una simple cuestión deportiva, el fútbol se trata de un elemento incluso de cohesión en la sociedad. Por qué negarlo, el balompié también lleva implícito ese cierto instinto de pertenencia a la tribu, de fidelidad a un símbolo, a unos colores. Para muchos, el fútbol forma parte de nuestra vida, de forma que se convierte en un elemento incluso de arraigo territorial.

Digo todo esto por algo que me sucedió ayer. Desde hace un tiempo, soy asiduo a un bar de Salamanca que han montado dos hermanos argentinos. Y, cómo no, la pasión por el fútbol les corre por las venas. Incluso uno de ellos ya afirma ser seguidor del Atlético de Madrid, el equipo más argentino de nuestro fútbol. Muchas mañanas o tardes, conversamos sobre este o aquel equipo. Sin ir más lejos, el lunes analizamos cada gesto del golazo de Ronaldinho. Les gusta el fútbol, porque, como me decía uno de ellos hace poco, "Argentina se moriría si no existieran las canchas y sus equipos".

Ayer estaba yo por allí, como una tarde cualquiera, tomando una Quilmes. Apareció en el bar un cliente habitual que portaba varios paquetes con fotografías recién reveladas.Tras la barra estaba Guille, el más joven de los camareros y seguidor confeso de Rosario Central. El cliente le mostró las fotos que había tomado en su viaje por Argentina, entre las que estaban las del barrio de Caminito que da nombre al bar por su colorido. Guille estaba contento, se quedaba embobado viendo las fotos de su tierra. Pero, de pronto, el cliente se sacó de la manga el mejor de los recuerdos que podía traer: una camiseta azul y amarilla, a rayas. Era, claro, la elástica de Rosario Central, que le trajo como regalo a Guille. El camarero se puso loco, se la probó y no se la quería quitar. Incluso entonó algún cántico de su hinchada.

En ese momento, mientras bebía la fresca y suave Quilmes, me vino una reflexión. Imaginé irme a Argentina, como emigrante, buscando otra vida, tal vez un futuro mejor. Me imaginé que alguien viniera a España. Y, si esa persona me ofreciera llevarme un recuerdo, ya sé lo que le pediría: la camiseta de mi equipo de fútbol. Nada tan cargado de recuerdos, nada con tanto sabor, nada que me llevara, de algún modo, a mi casa. Y es que el fútbol no es sólo un deporte. Sobre todo cuando te toca el corazón.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No te falta razón. Bonito post. Una camiseta de tu equipo es como un sentimiento más, como una parte de ti en la que si se ausenta, tu vacío aumenta. Es lo que tiene este gran deporte.

Salut