miércoles, enero 10, 2007

Sí, hay peores situaciones

En el verano de 1998, siendo yo un jovencito, un chaval de 14 años, estuve en Inglaterra. Fue la típica estancia de un adolescente español que viaja a las islas en busca de una mejoría para un idioma, el inglés, que todos nos hemos propuesto aprender alguna vez. Estuve un mes por allá, en una casa en Guildford, la capital del condado de Surrey, al sureste de Inglaterra. Tengo muchos recuerdos de aquella estancia. Por ejemplo, el Guildford Spectrum, un complejo deportivo de esos que se presentan como mito en España, o las visitas al río. Se trata de una bonita y acogedora ciudad inglesa, con todo al alcance del visitante. Cómoda, y no muy lejana de la capital.
En aquellos días en los que quedé prendado de la cultura británica, pasé un día en una localidad del sur, en la costa, llamada Brighton. Allí había un pequeño parque de atracciones, con varias máquinas un pelín viejas, sin nada de riesgo, la verdad, salvo alguna tuerca que pudiera estar oxidada. Tal vez aquel parque ya no siga igual, han pasado ya ocho años y medio. Fue allí, en Brighton donde vi la playa de cantos rodados y donde comí el mejor fish and chips que probé en toda mi estancia. Estuve poco, apenas sin tiempo para ver la totalidad de aquella ciudad. Pero me encantó. Siempre he querido volver, igual que a Guildford y no pararé hasta hacerlo. Pues bien, si hay algo en Inglaterra, es fútbol. Y hoy, leyendo Diarios de fútbol, me he encontrado con la historia del club de Brighton. Merece la pena leerla y ver la situación que han vivido con su estadio. Esa historia es de las que hacen reflexionar sobre lo nuestro, nuestros problemas y cómo hay clubes históricos por el mundo que han vivido las situaciones más surrealistas y, a pesar de todo, han sobrevivido.

P.D.: Si queréis, mis adorados lectores, haced una colecta y me mandáis a Brighton a hacer un reportaje. No cuela, ¿no? ;)

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