lunes, junio 18, 2007

Finales

Se acabó la Liga. Como una película de suspense, escrita por el más cruel de los guionistas, el Real Madrid se proclamó campeón. Es como si el cielo hubiera querido que esta Liga fuese blanca, pero haciendo pasar a todo el club y su afición por el purgatorio. Como si el Madrid tuviera que pagar todos sus galácticos pecados, toda su racanería de esta temporada, toda la faraónica e imperial presidencia de Florentino, que cayó hundido y de cuyo imperio ya sólo quedan las ruinas. Los restos de un tiempo en el que Madrid era el epicentro del fútbol mundial. Ayer Beckham se despidió con el pelo corto. Es curioso, porque llegó luciendo media melena y es como si el tiempo le hubiera hecho recortarse el cabello para centrarse en sus labores profesionales.
También fue el final para Roberto Carlos, a quien considero acabado para el Real desde hace ya unas cuantas temporadas. Fue el mejor lateral izquierdo del mundo y probablemente es el mejor de la historia. Pero Roberto ya no es lo que era y su buena recta final no debe hacernos olvidar varios años de errores, de subidas sin bajada, de faltas contra la barrera o al tercer anfiteatro. Ha sido un grande, ha pasado a la historia del fútbol y del Bernabéu. Pero le toca salir y puede hacerlo por la puerta grande. También, por cierto, llegó con el pelo más largo y el tiempo le fue haciendo cada vez más brillante en su cabeza, al mismo tiempo que sus muslos no paraban de ensachar.
También se va Pavón. El tercer pilar de aquel imperio de Florentino. El otro protagonista del 'Zidanes y Pavones'. Bonito detalle el no olvidar a un chico que, por cierto, ya no es un chaval y ha tenido que soportar más presión de la que su calidad nunca debió obligarle.
Así pues, es el final de una era en el Real Madrid. Una época que finaliza como empezó: con un título. En resumen, Beckham es el último galáctico, Roberto Carlos el superviviente de los ferraris y los Zidanes y Pavones, y Paco Pavón, el tipo que se vio inmerso en un lema que él nunca buscó. Es muy posible que también sea la marcha de otros como Helguera (un profesional como la copa de un pino) o Salgado (una trayectoria intachable también la suya, a pesar de los dos últimos años). También Capello parece que se va, aunque, como dice el gran Juanma Trueba, tal vez el madridismo tenga que recurrir a él dentro de diez años para volver a resurgir.
Pero, para el Real Madrid, por encima de todo, esta Liga significa el fin de tres temporadas de tortura, de cuatro años agonizantes, de idas y venidas en el banquillo, de entrenamientos de broma. Ahora, una vez conservadas las ruinas para que puedan ser visitadas en el museo por los turistas, hay que reconstruir el territorio conquistado. Tiene buenas piezas para volver a empezar. Ramos, Casillas, Torres, Gago, Higuaín, Robinho... Estos y otros son los nombres que están llamados a protagonizar el futuro blanco. Tienen la fortuna de haber vivido algo magnífico en su juventud: cómo la historia, el orgullo de un escudo puede salvar las carencias futbolísticas y un equipo puede ser campeón luchando incluso contra sí mismo.

El reto de Txiki
Pero hay otro final. Es el del Barça. No necesita tanta reconstrucción como el Madrid, pero también hay trabajo en el Nou Camp. Es curioso cómo el Barça, sin ganar nada importante este año, no cuestiona la labor de gent como Txiki Begiristain, mientrsas que el eterno rival mira con sospecha a Mijatovic, su homónimo en la dirección deportiva de Chamartín. El vasco tiene la oportunidad de demostrar ahora que es válido para el puesto y que el conjunto culé puede dejar de vivir de las rentas de la labor que en su día realizó Sandro Rosell. En cuanto a la limpieza del vestuario, puede evitarse. Es decir, no estaría mal dar salida a alguna de las estrellas, como Deco, Eto'o o Ronaldinho y demostrar que el club está por encima de todo. Ahora bien, quien cuestiona a Rijkaard demuestra no tener mucha idea de qué va este deporte.
Esta Liga demuestra una teoría de alfredo Relaño y que yo comparto, sobre la necesidad por parte del Barcelona de hacer un fútbol extraordinario, rozando la perfección, para ganar títulos y de cómo el Madrid es capaz de vencer en la mediocridad. Creo que esa es la gran diferencia entre los dos clubes que más aficionados mueven en España.

Continuaciones
En otras orillas, no hay finales, sino continuaciones. Esta Liga ha demostrado una vez más el fracaso del Atlético de Madrid, que algún día debería dejar de lamerse las heridas y abandonar el tópico del pupas. El Atleti mueve a la suficiente gente para estar más arriba. Estaría bien seguir confiando en Aguirre para salir de este bloqueo histórico. Igual que debe seguir Quique en Mestalla, tras una gran temporada, plagada de dificultades. También sigue la vida igual en San Mamés, con una afición entregada a un club que corre serio riesgo de extinción de unos valores que dignifican y atraen el cariño de aficionados de toda España. Creo que el problema no está tanto en la Catedral como en Lezama, donde algo no marcha bien. A buen seguro que cuando Bilbao y Vizcaya entera vuelvan a remar juntos, el Athletic recuperará su estilo. Un estilo que, volviendo al principio, sí ha recuperado el Madrid. El estilo de ganar, ése que le ha proclamado el equipo más laureado de Europa. El Madrid siempre vuelve, veremos si es para quedarse o para volver a la deriva.

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