viernes, agosto 31, 2007

Hagan caso, olvídense

Leo hoy la columna de mi compañero Pablo Álvarez en La Rioja y no puedo sino esbozar una sonrisa. Han sido varias ya las disputas dialécticas por el tema del deporte (y con él, el fútbol) en la redacción. En ellas, probablemente perdido por mi sentimientos (en los que se mezclan rabia y amor al fútbol) he subido el tono en alguna ocasión, incluso he caído en palabras imposibles de reproducir por respeto -nunca dirigidas contra mi compañero, obvio-.

Pero hoy he de estar de acuerdo con lo que expone. Una de las causas de la situación actual del equipo que más alto ha llevado el nombre de esta ciudad, el CD Logroñés, está en la actuación, mejor dicho, en la intervención desafortunada de los poderes políticos. Tanto, que se ha convertido en un punto fundamental de todo programa electoral que se precie. Como si cada nueva idea llegase para mejorar. La penúltima intervención fue el famoso convenio de 50 años por el estadio Las Gaunas. La solución, en fin, a la putrefacta situación económica del club. Lejos de servir de tabla de salvación, se convirtió en arma arrojadiza.

No se queda ahí el asunto de los políticos y el deporte. Nuestras discusiones suelen girar en torno a mi oposición al Ciudad de Logroño de balonmano (ahora Naturhouse Logroño) en cuanto al club como idea política, como intento de encubrimiento de errores. Es decir, como ya he mencionado en varias ocasiones, no tengo nada en contra de la gente que lleva toda su vida trabajando por ese deporte y ahora disfruta con un equipo en Asobal. Por favor, entiéndanme. Mi oposición nace por culpa de la intervención política, del intento de hacernos olvidar otras actuaciones lamentables y cuyas consecuencias pagamos aún hoy. Y si algún día (Dios no lo quiera) los hoy palmeros dejan a la deriva al Ciudad de Logroño, aquí tendrán al primero que defenderá su causa.

A diferencia de mi colega Álvarez, yo no dejé de ver al Logroñés cuando dejó de estar en Segunda. Es más, puedo asegurar que he ido más a verlo en Segunda B y Tercera que en Segunda A. Y he visto cómo los políticos nos endiñaban propietarios que luego abandonaban la ciudad y si te he visto no me acuerdo. He sufrido en mis carnes de aficionado promesas, palabras y hechos. Y la conclusión es que los políticos dejen de meter la pezuña. Que si la meten sea con coherencia. Que si la meten sea para ayudar de verdad. Y si no olvídense del deporte y del fútbol, por favor. Ahí, Pablo, tenemos un punto de encuentro. Lógico.

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